Cultura en Argentina (XXXVIII): La ignorancia sí es federal

Nuestra tradición está basada en el desconocimiento: salvo excepciones se ignora lo que hace el colega, y se ignora lo que ocurre en el país. Capital Federal es un síntoma y una causa: síntoma de un yerro que afecta a todos los argentinos (porteños incluidos), causa de un desconocimiento que prolifera en antologías, medios y cátedras presuntamente progresistas.

Cultura en Argentina (XXXVIII):

La ignorancia sí es federal

Nuestra tradición está basada en el desconocimiento: salvo excepciones se ignora lo que hace el colega, y se ignora lo que ocurre en el país. Capital Federal es un síntoma y una causa: síntoma de un yerro que afecta a todos los argentinos (porteños incluidos), causa de un desconocimiento que prolifera en antologías, medios y cátedras presuntamente progresistas.

Toda gran ciudad participa de este ninguneo concupiscente entre abulia y barbarie. Córdoba y Rosario ignoran lo que ocurre culturalmente en Santa Fe, y los santafesinos devolvemos la gentileza. Pero la ciudad de Santa Fe, como hice notar en mi libro Narradores santafesinos (1994), ejerce el mismo desprecio hacia comunidades del interior de la provincia, como Reconquista o Rafaela. La mezquindad supera a la creatividad.

Si Capital Federal se autoconsidera el centro del mundo por poseer las editoriales y camarillas, a babélicos y entenados, a los que rezongan sobre si la literatura debe ser comercial o artística, si es bueno que el libro se venda o si eso supone una automática descalificación para el canon, si la universidad debe insistir o no en la lectura políticamente correcta de la Historia y el Arte, en el interior, con mayor o menor autoestima, se construye la reserva cultural del país. En los márgenes y con problemas de circulación, por fuera de las marquesinas de calle Corrientes, esa vasta cultura que Capital Federal omite florece en las fisuras del sistema.

No se trata de la falsa disyuntiva entre regionalismo y universalismo (en Santa Fe soslayada con soltura por Juan José Saer), sino que los porteños no asumen que los buenos escritores de Buenos Aires no son los únicos, y que los principales provienen de las canteras del interior.

No se puede construir un país desde el desconocimiento, ni renunciar a la realidad cultural de las provincias y confundir “ombligo del mundo” con el obelisco. Basta ver los libros que se comentan y las estériles peloteras que difunden los medios culturales, en general más importantes por lo que callan y menosprecian. Hasta se ha perdido el concepto de la discusión profunda, que sólo puede suscitar el conocimiento igualmente profundo de lo que ocurre.

En Argentina vencieron los unitarios. Salvo por la ignorancia: ésta sí es probadamente federal.

© Carlos O. Antognazzi.

Escritor.

Publicado en el diario “Clarín”, revista Ñ (Buenos Aires, República Argentina) el 10/09/2005. Copyright: Carlos O. Antognazzi, 2005.