DESPEDIDA

Desgraciadamente,
debo decirte que no hay nada que pueda yo hacer,
ni temer, ni soñar.
Té, de amargas hierbas me has dado de beber y el tiempo ilumina
otro color de compañía.

-Las cosas son claras-, dije;
y los árboles,
quietos como estatuas sin sangre,
lloran sin saber porqué nos alejamos tanto…

La nada.
Esa nada tan inmensa que hundió nuestro camino,…
Y justo ahora,
Eso algo irreprochable que nunca ha salido de tus labios, irrumpe
como un trueno mudo y callado.
Y yo, que feliz estoy bajo un cielo de ángeles protectores,
me animo a decirte,
traté de hacer todo cuánto pude,
ya exagerando morí.

Y las estrellas sonríen,
y los crepúsculos se alimentan;
bajo la mujer que nunca fui,
el hombre que no es;
y el letargo…