Los vientos se enamoran de esta tierra
denuedada, feraz y amarillenta,
sembrada de trigal, hasta la sierra,
besana, seca, vulturna, y sedienta.
–
Tierra de violento pasado y guerra,
de bellos atardeceres magenta,
donde el ocaso se apaga… se cierra,
y suenan los ecos de la tormenta.
–
Inmiscuyéndose entre los careados
umbríos de las gráciles moradas,
y los fuliginosos paramentos
–
de adobe, arcilla y barro. Adornados
con pequeñas ventanas enrejadas
de vidrios tiznados y polvorientos.

