HOMENAJE A MIGUEL HERNANDEZ EN EL LXIII ANIVERSARIO DE SU MUERTE

“RECUERDOS”

Recuerdo tu entorno en la infancia; Oleza,

tu patio asomado al fulgor del día,

el negro pozo artesiano de tu huerta,

sementera ebria de luz y hermosura,

paraíso local, creación postrera

almunia en policromías de marzo,

sitiado abril, tapiada primavera.

Recuerdo con añoranza y nostalgia

los campos de ubérrimas moreras,

las pestañas de los cañaverales,

los senderos, cañadas y veredas,

por los que conducías tus rebaños,

paseando entre altas y esbeltas palmeras

por viñedos, trigales y granados;

te veo caminando por la hierba,

que enjoyaba tu espléndida mañana,

por rumorosas y amenas riberas

animadas por el intenso fragor

de tu río, que discurre entre sierras,

y sembradíos cultivados de soles.

Recuerdo también tu primer poema

“Pastoril”, fruto de esa tu poesía

mimética, personalista, y excelsa

métricas cándidas y adolescentes

elaboradas con suma destreza,

versos de arte menor en los que viertes

tus inquietudes, miedos y tristezas,

prosigues tu obra con Perito en Lunas

en tu amada y natal Orihuela.

Recuerdo tu persistente tarea,

luchando como te respondió Lorca

a tu carta de reproches y quejas.

En mi memoria aún viven tus amigos

Neruda, Alberti, Antonio Oliver Belmás,

Conde, Lorca, Zambrano, Aleixandre,

Sijé, Bergamín, y un largo etcétera,

Neruda te describíó así Miguel:

“Su rostro como el de una sementera…

…recortado por la luz, arrugado…

…algo rotundo de pan y de tierra…

…sus ojos rayos de fuerza y ternura…”

Pero, tu Miguel…

Solo buscabas tu voz verdadera,

tu acento, tu serenidad, tu aliento

siendo necesaria una breve espera

para expresar tus más propios e íntimos

latidos en El rayo que no cesa,

sentimientos proclamados en una

obra que te consagró como poeta

son de tu corazón enamorado

son del talento de tu mano experta,

son de tu serena y pura ternura,

son de tu noble sencillez y entrega.

Pero el comienzo de la guerra cambió

el rumbo de tu vida Miguel, tu ideal,

tu motivación personal, y tu ser.

Ahora, también cavabas la tierra

pero no para sembrar las semillas,

sino para abrir zanjas y trincheras.

En medio de la crueldad de la guerra

recibiste la trágica y funesta

noticia, el asesinato de Lorca,

un duro revés para nuestro poeta

que expresó su gran dolor e indignación

en su lúgubre Elegía Primera:

“Hasta ayer se llamó (Federico García): polvo se llama”.

Poco después se acabó la contienda

Miguel en soledad y sin libertad,

Deambulando por tenebrosas celdas

Soportando la enfermedad y el frío,

aunque él seguía muy fiel a su verdad

la verdad de su alma, su única verdad.