leer las noticias olvidadas
que desgarran y atraviesan el mundo.
sentir los galopes del alma,
por la turbulencia de una senda angustiante.
percibir las caricias del miedo,
reprimidas en el hueco de la locura.
ver sonrientes las sombras del fin,
que desvían la ruta de los sueños fecundos.
curar las heridas sangrantes,
anestesiando la pena subterránea del olvido,
con la coronación del perdón.
Y hoy supe,
ver en las cumbres heladas,
un rostro transmutado
y la cicatriz de Dios,
tatuada en el ala de un ángel.

