Itaca

Después de mucho tiempo he vuelto a ver el mar.
He caminado por la orilla, hundiendo mis pies en la arena,
notando el frescor del agua, sintiendo su fuerza en mis tobillos.

He vuelto a escuchar la música de las olas.
He jugado con las espuma y he escrito tu nombre en la arena.

A lo lejos, unos niños juegan, sus padres los vigilan,
haciendo castillos en la arena. Sus voces me hacen pensar
en otros castillos, en otras playas y otras arenas.

Son recuerdos serenos, dulces, vestidos de coral,
acariciados por mil lunas.
Las gaviotas bailan su vals; mi alma el suyo, infinito,
sin tiempo.

El mar me llama.

Su voz es cada vez más íntima.
Sus brazos firmes, fuertes, cálidos y seguros, me mecen
Las algas escriben en mis manos nanas.

El mar, mi mar…

La tarde se despide vestida de rojo y ámbar.

La noche, sin pedir permiso, me volverá a llevar a Itaca.

En Baza a 12 de junio de 2006