“Creo que pensar y crear definen la cosmovisión poética de Portela. Hecha memoria individual o colectiva, su escritura no claudica ante el inevitable discurrir de una historia que arremete contra la esencia de las palabras y las cosas. La contemporaneidad de su lenguaje otorga a los lectores/receptores la posibilidad de ingresar a un mundo poblado de otras voces que no han callado y nunca lo harán. Allí es donde apreciamos que toda luz proviene del diálogo, del habla, del ritmo incisivo del interpelante y entonces toda sombra se disipa más allá del dolor, de la ausencia, de la soledad, de la desesperación que causa ser desoído, no contenido, no asido por la memoria que repara”. Cesar Bisso Buenos Aires año 2006
LO INMENSO
poema de OSCAR PORTELA
Así divinizar la muerte haciendo posible lo imposible.
¿Mas de que qué otra manera justificar la vida que no otra cosa es
que trabajo de la muerte sobre el alma del cuerpo
sino convirtiendo una calavera en crisantemo ?
La muerte atada a la justicia y la vida a las Moiras
que cohabitan con la justicia de ambiguo modo.
La vida y sus espejismos todos no son sino trabajo
De la muerte que se gloría de si en un hermoso cuerpo,
En sembradíos de espigas amarillas, en dulces aguas,
Y en los veranos tórridos y el hielo – el hielo con que coronará
Su obra, las furias desatadas de elementos con que construye
La habitación del hada y nosotros embarazados de sueños
Surgidos de la catedral de la que vuela un ángel, los intestinos
En los que deberemos sembrar el oro de Memling que requiere
La muerte para divinizarse y así justificar y embellecer la vida
Que su final osa el coro de Arcángeles con que premia
El dolor de la perdida, la dolorosa huida de los que amamos y
Las estériles búsquedas del vellocino de Oro.
¿De que vale el camino si no logramos engendrar un Ángel
con que la muerte se corone cuando nos despidamos de la tierra ?.
Tierra- muerte- vida y tus labios cuando levante vuelo hacia
La vuelta – de la nada a la nada- y el Allellujah de toda despedida
Que dice sí porque la vida se corona en la muerte –porque la muerte
Diviniza la vida limpia, blanca, pura como los dedos marfilíneos
Del amante a los que asidos nos atenemos en los sueños.
Sobre la soledad de Oscar Portela
por Alejandro Drewes
Oscar Portela en la transparencia que permite la asunción de todo lo efímero del vacío de la Historia a bordo de una barca que se hunde irreversiblemente. Y el poeta serenamente y lejos de toda estridencia y de recursos confesionales al uso que agiganten inútilmente su tragedia personal, dice más sobre un estado de gracia que sobre sí.
Esa ermita en la que vela su soledad brilla como lugar del retiro tras apartar toda la inútil hojarasca. Esa que existe materialmente y no existe o que existe en tanto haya esa precisa mirada que la sepa revelar
Voz de profeta en el desierto del mundo que da testimonio de la devastación de los tiempos, del paisaje electrónico y las almas errando en la procelosa noche, de la fatuidad de los diosecillos tecnolátricos, y del conocimiento vacuo y definitivamente mercantilizado y su tribu de tristes adoradores.
Escritura en la que el lector pecibe naturalmente al despojamiento en el gesto simple y cotidiano de comunión con lo verde y que asume la paradoja del ínfimo ser que se piensa a sí mismo y la supera en el fluir de esas cristalinas aguas que no dejan de cumplir su ciclo en el flujo y reflujo del Universo.
Poema cuyas sombras se proyectan sobre la luz acotada del día en su arco descendente, con palabras que alcanzarán su destino en el espejo de esos anónimos Otros.
Alejandro Drewes
Buenos Aires, febrero del 2008

