A las 4 de la mañana de todos los días, José, un joven que nació sin sus capacidades motoras, utiliza una patineta para circular entre la multitud, sacude el frió y sólido piso a un extremo del puente, tira una pierna y la otra la deja sobre su vehículo, medio se recuesta en el barandal, cruza sus brazos y entrecierra los ojos mientras los destellantes rayos del sol acarician su mejilla derecha. Al aclarar el día, algunos lempiritas ajados son sacudidos por el fresco viento que sopla entre sus maltrechas piernas; algunos tostones o monedas de a cincuenta centavos han caído en su pequeña lata, con eso nuevamente sube su voluptuoso cuerpo al carrito deportivo, “mi carro del año” le llama él, y recorre la calzada hasta llegar donde Karen, una muchacha que también madruga a vender café y pan a los trabajadores mañaneros; pide una tasita de esta bebida muy caliente y una galleta y, de esta forma, José pasa los días viviendo de la caridad del prójimo.
José, es un muchacho muy dinámico, muchas veces se le ve transitar por los extensos corredores de la Universidad y siempre porta una libreta – creo que también estudia alguna carrera; es de tez blanca, enrojecida por el vapor del suelo que recibe a diario mientras da movimiento con sus manos a las ruedas de la patineta; es un hombre muy proporcionado físicamente y su cabello liso color café claro cae como cascada sobre su rostro. A este compatriota mío se le puede ver a diario en el puente ubicado contiguo al Hospital Escuela, sobre el bulevar Juan Pablo Segundo; es un lugar muy utilizado por personas indigentes para captar la atención de los transeúntes. Axial como José, también llegan otros discapacitados, algunos vienen, se enrollan el ruedo del pantalón o su vestido y dejan al descubierto alguna gangrena en sus piernas; hay una señora que padece de elefantitis o elefantiasis que realmente da lastima, es una enorme protuberancia impresionante en su pie derecho.
Por las tardes este puente parece hospital, unos hasta duermen allí. Es el caso de un señor que lastimosamente desconozco su nombre, se hace acompañar de tres perros. Todos los días paso por ese puente a esperar el bus o un taxi, y siempre lo veo acariciar a sus cachorros y abrazarlos… bueno, esa es la realidad en mi capita…
Esto lo traigo a colación a raíz del informe que presentó la esta semana en esta capital el Banco Mundial, en el que deja al desnudo las políticas desacertadas de los últimos gobiernos, en el que reclaman que se han destinado millonarias cantidades de recursos y mas de la mitad jamás llegan a los más pobres, los entregan en subsidios a los servicios públicos como el transporte, pero solamente sirven para hacer más ricos a los empresarios de este rubro…
CONTINUARÁ

