“”
Así, por todo saludo, se dirigió el hijo a su padre cuando entró en el dormitorio, extrañado de no verle en todo el día. A continuación, este fue el diálogo entre padre e hijo.
–¿Si-da? -preguntó el padre, remarcando la fatídica palabra.
–Sí, papá, sida. Supongo que sabes lo que significa.
–Espera, espera, ¿estás seguro de lo que dices?
–Aquí tienes los análisis; me dieron el resultado ayer.
–Pero, hijo, eso es terrible – le dice el padre consternado y alargando tembloroso la mano para recoger el papel que le tiende su hijo.
El padre mira levemente el papel mientras dice:
–¿Pero cómo te has contagiado, hijo, eres gay?
–No, papá, ¿qué tiene que ver si soy o no gay con tener el sida?
–Perdona, hijo, pero esa enfermedad es más corriente entre homosexuales que entre gentes normales.
–No discutamos sobre lo que es normal o anormal, el caso es que yo debo ser normal, según tú, pero tengo el sida.
–Pero sí sabrás el origen de tu contagio. No es como la gripe que viene por el aire.
–¿Y qué puede importar eso, papá? Tu hijo tiene el sida y te pregunta qué vas a hacer tú, ahora que lo sabes.
–La sorpresa ha sido grande, demoledora, difícil de aceptar. Pero soy tu padre, y me comportaré como tal. Una cosa sí quiero pedirte: que mantengamos esto en secreto únicamente entre tú y yo; ni a tu madre ni a tus hermanos deberás decírselo. Tampoco a tus conocidos
–No entiendo bien por qué, papa, ¿acaso lo consideras una enfermedad vergonzosa?
–Como te insinuaba antes, las relaciones sexuales son el mayor vehículo de contagio, y dentro de éstas, las homosexuales alcanzan un porcentaje muy superior. Como consecuencia, es una enfermedad estigmatizante para la persona que la ha contraído.
–¿Entiendo bien si digo que lo que te preocupa es el estigma y no tanto la enfermedad?
–Cómo puedes decir eso, hijo… Me aterroriza la enfermedad y me preocupa las consecuencias para ti y… para todos, el qué dirán.
¿Las consecuencias? A consecuencia de esta enfermedad voy a morir, y joven, papá.
–Haremos todo lo posible para que te cures, hijo, todo -y el padre, acercándose a su hijo, le abrazó llorando.
–Dime una cosa, papá: ¿Cómo haremos para ocultarlo? Pronto los síntomas serán visibles y no se podrá ocultar.
–Sí, es terrible. ¿Se te ocurre alguna idea?
–Sólo una, papá: suicidarme antes de traer la vergüenza a la familia.
El padre se separó bruscamente de su hijo y le miró a los ojos. A media voz, le dijo:
–Hijo, dime, ¿es una idea o ya lo habías pensado?
El hijo bajó los ojos y se mantuvo en silencio. El padre se levantó y salió del dormitorio.

