RENACIMIENTO

Fueron los primeros besos

los que calmaron

la ansiedad de mi corazón,

las penas de mi alma

y la tortura de mi mente,

que tras los peligrosos momentos

del desorden de mi interior,

iluminaron el sendero de mi vida.

Entre la nostalgia de un pasado

y la esperanza de un futuro,

comencé a sentir mi momento presente,

a beber de mi propia fuente.

Caminé por frondosos bosques,

paseé por caminos polvorientos,

ascendí a cumbres elevadas,

descendí a desfiladeros misteriosos,

y en todos encontraba,

junto con la fe de mi corazón,

la nueva realidad de mi vida.

A través de largas reflexiones,

nuevas experiencias,

nuevas orientaciones,

largos paseos,

nuevas actitudes,

transformaciones completas,

aceptaciones plenas,

inicié mi nuevo despertar.

En todas esas vivencias,

donde la esencia de la mujer

fue mi enseñanza más completa,

he ido caminando con mi soledad,

con mi fe y esperanza,

y con la confianza en mi ser interior.

Porque aquello que sale dentro de mí,

de mi parte más interna,

tiene mi mayor confianza;

aunque en mis actitudes,

pensamientos,

razonamientos,

exista el error humano.

Sigo agradeciendo el amor

de la mujer que me da su confianza,

su disposición al conocimiento

de los mensajes reales de la vida;

porque a través de su instinto,

intuición, percepción

y pura realidad de la vida,

sigo aprendiendo a ser hombre.

Nunca creí que el error,

la desgracia,

la ruptura de sentimientos,

el desgarre de las emociones,

el caos espiritual,

fueran necesarios, útiles,

y, a veces, imprescindibles

para una evolución personal.

Ahora que tengo lleno el corazón,

vaciándolo constantemente,

llenándolo de amor y riqueza,

con mis defectos mortales,

siento que el amor nunca se esconde,

siempre está,

así como los mensajes de la vida.

He tenido el privilegio

de conocer y sentir mi pasado,

vivir mi presente,

vislumbrar mi futuro;

y ser ese ser inocente

que camina con los brazos alzados,

dando gracias a la vida.