SELECCIÓN DE POEMAS

TRAS LA MÁSCARA

El derrumbe se nos suma,

quema y levemente pasa

hasta que mi piel arrasa

al insomnio entre la bruma,

mi soledad, lenta espuma

de oficios, hace la pira

y toca suave la lira

oculta en suvoz, despojos,

se dibujan tristes ojos

tras la máscara que mira.

NOCHE DE AZOTES (II)

Atado de pies y manos

con grilletes y cadena

el cadalso me enajena,

(luz de interminables llanos)

alucino entre paganos

de dioses y soledades,

de continuas oquedades

en la distancia terrible,

rompecabezas visible

de las pródigas verdades,

calan mi signo en las llagas

y tragándome la noche

del olvido, sin derroche,

entre las demoras vagas.

Ahora mutilan con dagas

del desprecio a mis costillas

y se apagan las boquillas

y es mayor enla penumbra,

la tortura que me alumbra

cuando prenden las astillas,

en la hoguera del silencio

el espejo se deprime

sopla el viento y la luz gime,

llega el final que presencio,

cuelgo la vida y sentencio

como herudito perdido,

la oscilación del tiempo ido

tras latigazos de fuego,

me han borrado todo el ego

de silueta en lo prohibido.

DECISIONES

Temo dar un paso en falso

sin retorno del abismo,

y temo no ser yo mismo

en mi horizonte descalzo.

Sí al infinito no me alzo,

el miedo es mi pesadumbre,

vivo y muero en la costumbre

de una ciudad provinciana,

mi umbral cierro

y la ventana

nos dibuja alguna cumbre.

ENTRE DESAPARICIONES Y NAUFRAGIOS

Leves, hacia el fondo,

los veleros del horizonte han naufragado,

no hubo tormentas,

no hubo incendios, ni piratas,

tampoco el recuerdo de islas llenas de arrecifes,

ni sirenas enloqueciendo con sus voces de esperanza,

navegaron en dirección al espejismo de sus mortales condenas,

hasta desaparecer frente a las dudas

y el lejano sol de la tarde.

Los marineros siguen desapareciendo como grumetes

en los prostíbulos de su primer puerto,

se los va tragando la envolvente respiración de la noche
y desnudos aman
hasta calmar la sed de la carne.

A las doncellas las han acusado de brujas

y prendido como hogueras de ausencias,

en pueblos de calles talladas con el silencio de los olvidados empiedres,

tímidas viajan a cumplir sus sueños de putas sórdidas

en las que perfectamente el tiempo las dibujará felices.

Los capitanes, las novias y los padres de los soldados

también han desaparecido

y todo su encadenamiento agrupacional, lento y maravilloso

la mar los embriaga de nostalgia

y los lanza al abismo del retiro,

a los brazos del deseo

y al suicidio,

los agota,

los desaparece frente a las aguas

y sus lejanas costas de los años.

En este mes frío de enero ha desaparecido el verdugo,

el hambre nos amenaza,

el peligro de morir ahogado se hace mayor.

La esperanza viajaba en una barca

y también ha naufragado en su poca luz.

Van desapareciendo los peces y los niños

con su juego de callejuelas cerradas a la tristeza.

El enemigo perplejo abandona las armas,

cuando aún siguen amenazándonos con guerras

-¡Qué extraño, no desaparecen!-

premeditadamente nos calentamos al fuego

y al peligro de soñar como los vagabundos

después de beber a hurtadillas una copa de vino

al precio de dos monedas,

quizás ya desaparecidas.

Ojalá que la lluvia no desaparezca,

ni los amigos,

ni la voz senil del moribundo,

ni los cuerpos tan cerca en el acto de amar.

Porque todo se está borrando

todo sigue desapareciendo

como el gemido en la zozobra

a través de la madrugada

mientras nosotros los tontos

seguimos a la deriva

muriendo entre desapariciones y naufragios.

(Holguín 1977)