JUNGLA
Árbol y cuerpo, la vida
como un azul transparente.
Árbol, el cuerpo no miente.
Cuerpo, el dolor es suicida.
La desesperanza olvida
del tiempo tanta cordura.
Cuando el amor inaugura
la transparencia, follaje,
mira que al árbol no baje
la desesperanza oscura.
ALUCINACION
Pasa un pájaro cortando
la vendimia, viene lento
para alejar el intento
del grano que voy salvando.
Un pájaro convocando
un aire sucio, inefable.
Un pájaro inigualable
como un Dios que se nos muere.
Afuera la sombra hiere.
Adentro yo soy culpable.
MONOLOGO DEL LEÑADOR
Toda caída, un escombro
para saber el letargo.
Toda caída, un amargo
volverse contra el asombro.
En cada golpe te nombro
todo vida, todo muerte.
Aquí te juego a la suerte
de un rostro blanco, mortal
para saberte al final
otro golpe que me advierte.
CENTAURO
Soy tu caballo, ciudad,
para la suerte y el canto
pero nunca sabes cuánto
me cuesta ya tu verdad.
Aún me debes la humildad
de los viejos caminantes.
Aún padeces los andantes
caballeros, tan desnudos,
que se devuelven escudos
para atreverse gigantes.
En este juego mortal
te doy el cuerpo y el canto
pero nunca dices cuánto
muerto sobra en el ritual.
Marco mi paso animal
sobre tu piel, donde callo.
En ese juego detallo
cada huella en la que cedo
toda la inocencia al miedo
de ser ciudad o caballo.
Mi cuerpo eres tú ¿no basta
el silencio donde bebes
toda la culpa que debes
en esta mortal subasta?
Cuánto de ti no se gasta
desmemoriando la edad.
Cuánto hay de mí en la orfandad
del espejo cuando ensayo
creerme un feliz caballo
pastando en otra ciudad.
PARABOLA DE LA LLUVIA
Todos tienen su lugar
en las nubes, son las nubes.
Párate al sol, y ya subes
para luego ser el mar.
Yo lo sé, profetizar
no es difícil si resulta.
Ya lo sabes, nadie oculta
la palabra en una ola
cuando el silencio se inmola
y el mar entonces insulta.
El agua lleva dobleces
que suben como ángel bueno.
Toda la nube un ajeno
portador, y tantas veces.
Abajo saben los peces
el pacto que nos diluvia.
Abajo muere, tan rubia,
la espiga, como un lamento
nombrándote en el violento
ademán de no ser lluvia.
LAS PAREDES DEL AIRE
Se pueden golpear los muros,
los que nos dan, los que fuimos
inventándonos y dimos
como los aires más puros.
Nadie dice son oscuros
los signos que el tiempo lanza.
La historia jamás alcanza
para nombrar la caída.
Cada golpe una embestida.
Cada vuelta una esperanza.
Hay un diluvio escondido
en esta pared tan parca.
Hay un Dios, hay una marca
por cada cuerpo ofrecido.
Hay una meta de olvido
para jugarnos el ansia.
Hay una copa que escancia
el aire y una moneda
que sobre el cuerpo nos rueda
para comprarnos la infancia.
Cuatro paredes marcadas
y el aire, cuatro paredes
y el oficio de las redes,
y las voces convocadas.
Juego de luces crispadas
el gesto que nadie pudo.
Nadie nombra el sol que dudo
porque ya nadie lo sabe.
Nadie sabe dónde cabe
la marca, y el hombre mudo.
Qué amable el aire, devuelve
en su fantasma colgado
cada silencio prestado
a un ademán que disuelve.
Qué amable el aire, nos vuelve
a los muros que han caído,
nos regala el tiempo-aullido,
nos esconde el cuerpo justo
mientras da golpes el susto
de saberse inadvertido.

