EDUARDO HARO IBARS (ESPAÑA, 1948 – 1988)

El muchacho eléctrico

Para Eugenio, Jaime y Fernando, en

un albor de inventos sonoros.

ciertas formas de bar caliente diorama

siempre avanzamos en círculos polifonía estrecha

Madrid se estremece como un animalito

es agua Asesinado el Muchacho Eléctrico en cualquier parte

sólo queda lo gris lo submarino

infinitos gaseosos en torno al Bar Humano

bola contra bola de metal asesino

las glándulas generan

recuerdos como aquellos labios muertos Lotte Lenya

sonríe desde su viejo cliché

una estatua otra estatua y mil estatuas

o sombras o recuerdos luces y pulsaciones

de un astro en la ventana

y hay cuerpos muy calientes lo recuerdas

sin matriz así la mano blanda

se retuercen los pocos que están ahí copulan

mueren los ciegos en sus garitas transparentes

entrañas arrancadas y olor a niebla matinal sin sangre

bocas abiertas a las puertas de un solo

que no calienta más que mármoles

sus piernas milagro de leche y un libro abierto recuerda

él ya murió se lo dijimos es la cámara de torturas un lugar sombrío

junto al monte de Venus -verdad del rinoceronte

junglas de terciopelo- no no recuerdas nada

pero existe una línea directa tendrás pecho y vientre

crepúsculos de muchacho eléctrico una bandada de ojos oh qué lejos

nubes vendidas al mejor postor en los escaparates ciudadanos

es todo igual

y siempre habrá cerveza en tus cabellos

de Pérdidas Blancas(1978)