Un día en tu casa y otro en la mía

Julián es un niño de seis años, que todos los días va al colegio, estudia, hace los deberes, es educado y muy bueno con sus amigos.

Un día se encontraba en el patio, triste, y apenas tenía ganas de jugar; se fue a un rincón del patio y alli se quedó pensativo, mirando a través de las rejas, observando los jardines del parque que rodean el colegio.

Mientras miraba, se le acercó Susana, una compañera, que le dijo: ¿Te vienes a jugar con nosotras?

El le contestó: No tengo ganas.

¿Pero que te pasa?, preguntó Susana. Julian dijo: Mis papás no viven juntos y tengo que ir unas veces a una casa, y otras veces a otra.

Susana le dijo: ¡Qué bien! Así tienes dos casas.

Pero yo no quiero tener dos casas, ¡quiero una! con mis padres dentro, contestó Julián.

Pues no se qué decirte. Piensa en esto: ¿qué te parece si eligieras vivir un día en tu casa y otro en la mía? dijo Susana.

Sí pero es distinto: son tus papás y yo tengo que compartir otras personas, le dijo Julián.

Tocó la sirena para volver a clase; estando en clase de Conocimiento del Medio, Susana interrumpiendo levantó la mano para preguntar: ¿Quiénes forman la familia?

El maestro, extrañado, le dijo: Susana, ahora estamos hablando del tema del agua ¿por qué lo preguntas?

– Es una duda que tengo,dijo Susana.

– Pues la familia la forman los padres e hijos

– ¿Y si los padres están separados?

– Pues los hijos quedarán con sus padres en una casa u otra, que compartirán.

– ¿Que sucede si un niño quiere que sus padres no se separen?

– Los padres procurarán que su hijo sea lo mas feliz.

Entonces tristemente Susana dijo: El niño, lo que tiene que hacer es un día en tu casa y otro en la mía, un día en casa de papá y otro en casa de mamá.

Terminó el diálogo y la clase continuó sobre las utilidades del agua.

Desde aquel día, Susana y Julián se hicieron amigos inseparables.