Contemplando un cuadro de Picaso
Ojos que miran el vacío
horizonte ajeno
pensamientos apilados
sin nadie.
Ojos suplicantes
una mano tendida
mitiga la opresión sumisa
agrieta sus venas
la dura piedra
de tanta ausencia.
Ojos que ven
rutas de espejismos
va calando su entraña
con heridas sin sangre.
Ojos perdidos con rumbo ignoto
-su cuerpo sufriente se hace etéreo –
le presta un ala una paloma blanca
y sale volando por los tiempos.

