Regreso nuevamente a Madrid…a la capital de la gloria, como solía denominarla el poeta gaditano Rafael Alberti.Al Madrid pretérito y añejo de las regalías de aposento, de las casas de malicia, de los soberbios palacios de Moratín y de las luminarias fernandinas.
Al Madrid de capa y espada, de filo y contrafilo, a la Plaza de Pontejos, a la Plaza de la Villa, a la calle del Codo.
Al Madrid de los mentideros de representantes de la calle del León, y de los corrales de comedias de la calle de la Cruz y del Príncipe, críticos y sarcásticos, irónicos y satíricos.
Al Madrid de los escenarios del dos y tres de Mayo; a la montaña de Principe Pío mudo testigo de los fusilamientos; al Arco de Monteleón que presenció la muerte de Daoiz y Velarde; a la Puerta de Sol, donde los jinetes mamelucos, cargaron contra un pueblo envalentonado.
Al Madrid maduro y sereno de los nobles paisajes de forja, y de los edificios de vecindad burguesa con balconadas exornadas de fililí.
Al Madrid de la generación del noventa y ocho, con las animadas tertulias literarias en el hoy mítico Café Gijón del Paseo de Recoletos.
Al Madrid del cuplé sicalíptico, donde la bohemia camándula acudía al Trianón Palace para admirar a las divas de este género de variedades.
Al Madrid de las Luces de Bohemia, de las enraizadas y viejas tabernas, de las buñolerías de calle, y de las librerías de viejo.
Al Madrid de la Residencia de Estudiantes, de los genios de la vanguardia española.
Al Madrid de la Republica de las Letras, de la Edad de Plata de la poesía.
Al Madrid de la guerra civil, de las barricadas, de la pólvora, de la sangre y de la muerte.
Al Madrid de la postguerra, de los odios, de los rencores, y del hambre.
Al Madrid jóven de Malasaña, del destape, de la movida madrileña, y de la icónica filmografía almodovariana.
Al Madrid niño del tetracolosalismo de Azca, del soterramiento de la M-30, o del paisaje industrial y futurista de la T-4.
Regreso nuevamente a Madrid…a la capital de la gloria.

