El fundamento de este poemario es el tema del General Francisco Morazán.
Mi general no cabe en la muerte, ( José Francisco Morazán Quesada) sigue viviendo, aunque hayan pasado 167 años de su fusilamiento en Costa Rica el 15 de septiembre de 1842, sin sentenciarlo, pues no se realizó ningún juicio.
Morazán el modelo para la lucha representativa por las libertades en Centro América.
TESTAMENTO
Se agotaron las cenizas
en este invierno,
y la angustia,
ha colmado el blanco salón
de mi carne.
Mis huesos,
se cruzaron
a la espera de la redención,
en el rincón de la inocencia,
creyendo en la eternidad,
de la justicia.
ELLOS
Torbellino de la noticia
en fuga,
que gastan palabras
colmando un universo,
hieren pájaros,
Caprichosos adolescentes,
que hacen caminar el mar
entre la espuma azucarada
de la cortesía.
Mensajeros del diablo
que alzan sus manos
como pidiendo perdón
a un dios maravilloso.
AMIGO LEJANO
La lluvia de mis cabellos
es incesante.
Mi ego,
Se ha vuelto senil.
Y mi paciencia,
tiembla más,
en los días de inocencia.
En esos momentos,
casi no recuerdo
cuando liaste bártulos.
De ves en cuando, eres
el actor de algún sueño
de camisas rotas,
de canicas,
o pájaros al vuelo.
Yo, te recuerdo,
como a un padre.
Te guardo memoria
en las cornisas,
y he repetido,
las historietas
del viejo Valentín.
Tú mi amigo,
fundiste la esperanza
de la angustia,
en una parvada
de gorriones esmeralda,
y volaste,
para nunca volver.
PRIMAVERA
El fusil cantó
su mejor canción y,
las golondrinas, volaron,
dejaron en el alma,
esa alegría
del paladín.
Jóvenes
de piedra en mano,
competidores
ensangrentados,
gases lacrimógenos.
¡Cómo han llorado los años! ,
Esperando tu testamento,
Por ahí.
ya se escuchan
los cañones;
Se dobla el monte
cae la empalizada
caen los hombres.
La tierra es de sangre,
sangre que enfría los fusiles
del general.
Voraz caballería
que escupe fuego,
son mis oficiales,
alma en mano
matan canallas,
amedrentan cobardes.
En la acometida,
cae la noche,
cae el telón.
MI MUERTE /El deseo de un paladín/
Ha de ser dulce
como un haz de luz.
No portará en sus designios
la obsesión y el dolor
de un castigo,
urdido por el amor.
Pasará por mí, a las nueve
como en la conclusión
de una cita,
cuyo fondo será
el ensueño de una noche
de caviar y champaña
así, no sabré
si mi corazón,
dejó de latir;
que no tenían ya,
importancia alguna;
y, a esa hora, a las nueve,
no hay servicio de hotel,
ya habrán apagado la luz.
A Salvador Madrid,
en su inagotable Slovenxia.
La evasión de las tristezas
He decidido
evadir
la tristeza,
y encuentro
que solo es,
la falda blanca
de una dama inculta.
El templo de mi general
Mi general
No cabe en la muerte.
Flota en el viento
con aliento juvenil.
Al oír el bronce,
sabe que es la hora.
Acompaña a las viudas
de sus mejores soldados
y juntos hacen votos
por mejores tiempos.
Las viudas en sus jaulas de luto,
mi general como mártir,
yo con mi cabeza de fuego.
él lanzándome,
bolas de nieve.
Así se nos ha ido la vida.
El en sus altares
las viudas y yo,
abriendo caminos.
La muerte me acecha.
La he visto,
saltando ,
salpicándose a si misma,
con mi agua,
viene alentando
tormentas,
cínicas tormentas
al fin.
Los recuerdos afloran como un amanecer de mayo
Hoy, has vuelto
algo extraña.
Luces seniles esconden
tu rara apariencia.
Tu cabellera,
erguida
en otros tiempos
se alza gritando
el ritmo indisoluble
de tu alma.
Recuerdo
Recuerdo:
Tú fuiste
quien derramó
en mí,
todas las furias
del mes de abril
agitando las manos
en un triste adiós.
Tiempo de mensajes
Una música diáfana
que sale del templo,
me dice
que Dios vendrá hoy,
a las siete de tarde.
La muerte me acecha.
La he visto,
saltando ,
salpicándose a si misma,
con mi agua,
viene alentando
tormentas,
cínicas tormentas
al fin.
El aviso fatal del último día
Dices que ella acaricia
tus cabellos durante
largos días de lluvia.
Siendo esto así,
anclas tu barca
y buscas almohada
llegada la noche.

