¿Y después del 8 de marzo…?

Un pergamino diáfano con reflejos de mercurio

ciñe tu cuerpo inseguro, tambaleante y postizo.

Carmín, fuego agresivo, garras de esmalte rubí

adornan el acabado de tus indolentes manos mártires.

Un eye-liner rectilíneo enmarca el precipicio insondable

de tus dilatados y tumefactos fanales sombríos.

Un aroma falso de Chanel número cinco embalsama tu cuerpo

y unos tacones erizados te ayudan a subyugar tu peregrinación traidora.

Enmascarada de mujer soberana, potente y rica

deambulas como una alma sin fuerza por la existencia

con tu padecimiento interior,

anhelando que la vida te regale el albor de la esencia vital.

Vergüenza y miedo son el pan de cada día,

vergüenza y miedo te impiden gritar al mundo

que eres una mujer mortificada,

que eres una mujer maltratada.