GRITANDO

A delirio cantor en su alma alando
se enerva de la carne destrozada
-sonrisa ante la canción cerrada-,
riñendo a la agonía y no parando.

¡Qué triste es mi temblor que boca pierde,
qué triste, Dios mío, en su luz vaga!
En la gris noche al infinito verde.

Acercaré la ausencia de llaga en llaga,
dime a por dónde en última ley muerde
hoy, llévame al umbral que se divaga.

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