Maqueta seccionada de un búnker de hormigón con dos figuras separadas, ilustración de la película Búnker
Ilustración editorial generada con IA sobre Búnker, de Florian Zeller, presentada en el Festival de Venecia. Crédito: Patricia Puente Moreno.

Penélope Cruz y Javier Bardem levantan un «Búnker» en Venecia contra el miedo y el aislamiento

Venecia · 8 de septiembre de 2026. Un arquitecto recibe el encargo que podría coronar su carrera: construir un refugio de supervivencia para un multimillonario tecnológico. Al aceptar, abre una grieta en su matrimonio. Esa es la tensión que reúne de nuevo en la pantalla a Penélope Cruz y Javier Bardem en Búnker, el thriller de Florian Zeller presentado este martes en la 83.ª Mostra de Venecia.

La película llega al Lido con una baza española difícil de ignorar. Es una coproducción de Francia y España, cuenta con participación de Mod Producciones y compite por el León de Oro en la sección oficial. Pero su interés va más allá de la alfombra roja: convierte la ansiedad de los poderosos ante un futuro incierto en un conflicto doméstico sobre el amor, la responsabilidad y la posibilidad de seguir mirando al otro.

Un refugio capaz de dividir una casa

Bardem interpreta a Miguel, un arquitecto español de éxito instalado en Londres. Cruz encarna a Sofía, su esposa, una editora que empieza a cuestionar el rumbo del matrimonio cuando él se implica en el proyecto de un búnker de lujo. Llevan diecisiete años juntos en la ficción y la promesa de seguridad termina exponiendo todo aquello que ya no comparten.

Zeller parte de una paradoja contemporánea: un magnate enriquecido gracias a la tecnología de la conexión que decide aislarse del mundo. El cineasta ha explicado que aquella noticia despertó la película y le permitió llevar al terreno íntimo asuntos como la desigualdad, el temor al colapso ecológico y el individualismo. El búnker funciona así como arquitectura real y como imagen de una sociedad que aprende a protegerse antes que a convivir.

El reparto amplía esa tensión. Paul Dano interpreta al multimillonario que encarga el refugio; Stephen Graham, a un vecino afectado por la gentrificación; y Patrick Schwarzenegger, a un escritor relacionado con el trabajo editorial de Sofía. La película dura 126 minutos, alterna inglés y español y fue concebida expresamente para Cruz y Bardem.

La pareja real dentro de la ficción

Florian Zeller sabía que reunir a dos intérpretes que también son pareja fuera de la pantalla añadía una capa de incertidumbre. Los actores aceptaron porque el relato no les pedía reproducir su intimidad, sino explorar cómo una decisión profesional puede alterar la forma de quererse. Cruz explicó en Venecia que la confianza en el director fue decisiva para afrontar las escenas más emocionales.

Su historia compartida ante la cámara comenzó en 1992 con Jamón, jamón, de Bigas Luna. Después llegaron, entre otros títulos, Vicky Cristina Barcelona, Loving Pablo y Todos lo saben. Búnker aprovecha esa memoria cinematográfica sin convertirla en un truco promocional: el espectador conoce la relación real y, al mismo tiempo, debe aceptar que Miguel y Sofía pertenecen por completo a la ficción.

La elección de los idiomas también cuenta una historia. El matrimonio habla español en casa y utiliza el inglés en su vida social y profesional. Cruz recordó que hace quince años resultaba mucho más difícil financiar producciones internacionales con esa naturalidad lingüística. La presencia del español deja de necesitar una justificación y pasa a formar parte de la identidad cotidiana de los personajes.

Por qué «Búnker» importa ahora

Durante la presentación, Bardem celebró que el cine español «viaje y viaje tan bien» y sea recibido con respeto, según recogió RTVE en su cobertura desde Venecia. La frase coincide con un momento de especial visibilidad: el actor y Cruz participan también en dos de las películas preseleccionadas por la Academia de Cine para representar a España en los Óscar, El ser querido y La bola negra.

El verdadero alcance de la película, sin embargo, está en la pregunta que plantea. ¿Qué sucede cuando la seguridad se convierte en un privilegio que solo unos pocos pueden comprar? La decisión de Miguel no amenaza únicamente su matrimonio. Revela una forma de entender el mundo: levantar muros, reducir el futuro a una propiedad privada y tratar a quienes quedan fuera como parte del peligro.

Cruz relacionó el personaje con la pérdida de conexión humana y con la concentración del poder tecnológico. Bardem señaló que el miedo puede llevar a criminalizar y deshumanizar a los demás. Sus declaraciones sitúan Búnker dentro de un debate que el cine contemporáneo aborda cada vez con mayor insistencia: quién controla las herramientas que organizan nuestra vida y quién puede escapar de las consecuencias.

La Mostra vuelve a ofrecer al cine español un escaparate internacional, mientras en España instituciones como el Cine Doré recuperan la experiencia colectiva de mirar una película. Entre la gran competición y la sala histórica permanece la misma cuestión: qué conversaciones empiezan cuando se apagan las luces.

Búnker encierra a una pareja para hablar de un mundo entero. La puerta que deja entreabierta no conduce a un refugio, sino a una decisión: ¿qué estaríamos dispuestos a sacrificar por sentirnos a salvo?