La casa vacía

Como se abraza un árbol a la vida

cuando, engolfado, el vendaval arrecia,

como el surco en barbecho permanece

aguardando a la siembra sin un fruto,

así tu sombra errante por la casa

reclama de las horas adormidas

el gozo del abrazo de los suyos.

Desierto en ti, con ademán de espera,

en un trasunto ciego de la sangre

remueves los objetos por el cuarto

– para que tengan vida – dices. Es

el oscuro rigor de la distancia,

el dolor que se encastra en la paredes

como el humo de un tiempo sin sentido.

La tarde vela aún el robledal

y la luz (sólo un rastro) que se asoma

al teléfono sordo, lentamente,

conduce a los postigos de la noche

con su mudez tan negra. Y te desatas,

desnudo, entre la huera turbamulta

a tomar posesión de sus fantasmas.

Felipe Fuentes García