Los medios de comunicación de masas tienen en la actualidad una capacidad y un poder de persuasión, orientación e incluso dirección sobre el individuo innegable.
Ahora bien, dentro de todos estos medios de comunicación, exceptuando la prensa escrita cuya trayectoria ha gozado siempre de gran credibilidad, el sector de los audiovisuales parece ser el que mayor grado de preocupación esta despertando en los últimos tiempos. Así, la guerra de audiencias esta provocando verdaderas corrientes especuladoras con la opinión publica para conseguir en definitiva mayores ingresos para estos entes.
Es cierto que estas entidades tienen un componente de carácter económico que les obliga al cierre de su ejercicio a mantener el balance de su cuenta de resultados con un saldo positivo.
Pero esta especulación tiene un limite que es el compromiso de carácter ético- social que los medios de comunicación de masas tienen contraído con la sociedad de su tiempo. Así, en palabras de Amando de Miguel “el carácter masivo de la televisión, quizás se hace equivalente del tono vulgar y hasta chabacano que adquieren algunos programas”, pero esto no entra en conflicto con el compromiso ético, siempre que existan las limitaciones adecuadas, ya que, la televisión debe satisfacer a una gran diversidad de ciudadanos pertenecientes a distintas clases sociales, con niveles culturales diferentes, y con unos gustos muy variados.
Por tanto, el compromiso ético significa que estos medios de comunicación de masas deben de ser conscientes del papel que les ha correspondido desempeñar en una sociedad como la actual, y materializar esa gran influencia que ejercen sobre la opinión pública mediante la realización de una verdadera función socializadora, cuyo alcance no se limita a lo estrictamente profesional y que abarca aspectos tan importantes como el humano, intelectual y social.

