Selección de poemas de Santiago Bao (I)

BAILES

Recuerdo cuando bailabas conmigo
«I ‘be got my love» grabación de Benny Goodman
y orquesta sobre el rojo embaldosado
del patio colonial,
ahora entre algunas sombras del cuarto menguante,
recuerdas,
noche de verano,
las puertas del living abiertas
desde la que contemplaban los retratos de Apollinaire
con la cabeza vendada,
Pound con sombrero, bufanda y bastón
caminando en las calzadas de Venecia,
Fijman 1971 en el Borda
enfrentando el misterio total,
los dibujos que Sabat hizo de Cortázar y Discépolo,
las hermosas estampas japonesas.
Qué bien entraban los saxos
y respondían los metales,
2 minutos 26 segundos, contrapunto exacto
en que se deslizaban nuestros cuerpos
a una rejilla del tiempo inolvidable,
perfume de las violetas en el jardín,
recuerdas,
la grabación de la orquesta del Hotel Savoy
de Londres cantando Anne Lenard
«Buenas noches mi amor».
Islas, cuadernos envejecidos
que incendian las antiguas pastas,
tapitas de cerveza, mesas al aire libre,
«Sueño de juventud», «La puñalada»,
filo de bandoneones que iluminan geranios
y jazmines,
bailes de la noche cristalina,
tu cintura, tus manos,
la quebradiza humedad
que en espirales de rocío
se desvanecía en tu pelo.

AUTOPSIAS

¿Qué habrá hallado
el bisturí – vengativo
cuando abrió el cerebro
del poeta Jacobo Fijman
en la morgue del Hospicio
en aquel verano de 1971?
¿ Qué puede encontrarse
en la disección prolija
del cerebro de un poeta?
¿ Los restos de una rosa,
los fragmentos del ala de un ángel
caído en las aproximaciones
que generan ciertas lágrimas
o la belleza indeclinable
de una estrella o pájaro
entrevisto en gravedad lunar?
O, tal vez, las destrucciones programadas
de los electroshoks,
la miseria del dolor
suministrado a los “otros”
y la tristeza de un cartel
que oscila con una brisa
que viene del absurdo
atado al dedo gordo de un pie
que dice: Jacobo Fijman,
72 años. Y yo agrego:
a quién Dios o algún ángel mensajero
rozó, como suele decirse,
en algún día señalado
a su espíritu abierto.

HOTEL DEL DESIERTO

El colchón estaba doblado sobre la cama,
las sábanas sucias, gastadas,
huellas de ominosos paraderos,
rastros que en la colcha delataban
a zapatos limpiados deprisa.
En el suelo del cuarto brillaban
antiguos, dudosos goteos.
La belleza retrocedía
frente a las flores de plástico
y en el aire flotaba
un olor a tristeza primitiva,
una presencia del abandono
como un enorme murciélago invisible.

CAUSALIDADES

Ha sido el viento por la vela,
el desnivel del agua por el molino,
la puerta por el golpe en la madera
en la alta noche silenciosa,
nuestro destino
por la máquina del mundo,
el oro por lo que brilla,
el polen dorado
por la danza de las abejas,
la lejanía por el ojo,
los tiempos irrecuperables
por lo imposible,
mi vida por tu sueño
y la tuya por el mío,
el contraluz por tus manos
en el atardecer
y la nostalgia por tu pelo con rocío
en la noche del patio colonial.
Por lo demás, las sombras
por los adioses definitivos.