CAMINO HASTA EL INFIERNO
Camino hacia el infierno
van estos ojos desquiciados,
estas mentes abrumadas.
Bajo una aguacero de sangre ácida,
los inocentes transitan a través de la inconsciencia,
buscando la luz de la esperanza y de la justicia.
Justicia equivocada, paz troncada
que ceden el paso a los degolladeros.
Degolladeros de la nueva era.
Los almanaques se oscurecen año tras año
con el trance fulminante de estos ingenuos
que huyen hacia el matadero de la sin razón.
Camino hacia el infierno
van estos ojos desquiciados,
estas mentes abrumadas.
OLEADAS DE TRIGALES
Oleadas de trigales enmarcan tu rostro apacible,
lluvias etéreas inundan tus ojos diáfanos,
mientras tus labios púrpuras esbozan una sonrisa.
Avanzas con tranquilidad hacia tu destino
creyendo que la humanidad vive al mismo compás que tú.
Más la humanidad ingrata olvidó la cordura
y hostiga las praderas, las ciudades y todos los elementos
con el desprecio, la mentira , la maldad y la violencia.
Bajo el manto de los santuarios los hombres lavan su culpa
y descargan sobre sus dioses el pecado de la falsedad,
de la codicia, del fanatismo…
Arrinconan sus faltas en una esquina del templo.
Quedan libres de pecados y vuelven a su rutina,
Asediando a los más débiles, a los que no pueden salvaguardarse.
Oleadas de trigales enmarcan tu rostro apacible
y sigues tu ruta sin saber lo que te depara la vida.
ESCONDEREMOS LOS LIBROS
Les daremos espectáculos, fiestas y vino.
También los agasajaremos con manjares,
música, football, mucha televisión…
Y esconderemos los libros.
Un pueblo culto, piensa demasiado.
Evitaremos las reinvidicaciones de los que leen a través de las líneas,
de los que piden cultura para todos,
de los que quieren que sus hijos sean cultos,
de los que pretenden desatar el yugo de la alineación.
Les daremos espectáculos, fiestas y vino.
Nuestra tierra, reina de la alegría será.
Todos juntos cantaremos y beberemos
hasta que no existan partidos ni religiones.
Quemaremos los libros…
Y a los escritores también.
EL SOL MURIÓ
El sol murió. Lo mató un misil.
El cielo ambiguo y deslucido no tiene razón de ser
y paulatinamente se endereza hacia los lodazales de la insensatez.
Las nubes mareadas se pierden en el sombrío anochecer
mientras el viento transita con su rancia congoja.
El sol murió. Lo mató un misil.
Los niños no conocerán ya los amaneceres de oro,
las primaveras púrpuras, las praderas vírgenes,
los firmamentos cerúleos ni las olas del mar.
Llevarán el luto del astro perdido.
El sol murió. Lo mató un misil.

