Eclosiona en eco la flor dormida
del letargo invernal que la ensoñecía
anhela tocar con sus labios la luna
y beber del elíxir con exuberante deleite.
Se viste de perfume y nácar
sale en busca de su ruiseñor
bailando va con la luna ensortijada
para escuchar sus canciones al alba.
Más el péndulo de la noche gira a contramano
borrascosos caminos la sobresaltan
sangran espinas de su utopía
y suena la alarma de regreso.
Arden sus pétalos en holocausto
lívida está con los pies descalzos
y encuentra su sed una copa vacía
en el jardín equivocado.

