ADIÓS

Este
soneto lo escribí cierta tarde,
cuando María Álvarez
(excelente poetisa de as de espadas
y amiga mía)
me dijo: “César,
¿por qué hemos de ser
tan posesivos en el amor?”
“¡Ay María…!¡Si tú supieras!”

Tal vez cuando
algún día me recuerdes,
nuestros besos de amor, nuestra ternura
bajo un almendro en flor; en tu cintura,
mi mano dibujando brisas verdes,

pensarás con
tristeza en que no muerdes,
por creer que, en la fiera mordedura,
se esconde la razón de la amargura;
ignorando, por tibia, cuánto pierdes.

Pero siendo, como
eres, un dibujo,
o, más bien, un esbozo de la vida.
aún puedes impregnarte del embrujo

de un nuevo amor, y
dar la bienvenida
al favor que te llegue de su influjo
aunque el alma se sienta dolorida.

Poema
extraído de su último poemario
ACENTOS DEL CORAZÓN