20 de abril del 1993
Ya no importa:
Pido en estas pocas palabras que no caigan lágrimas por mí, si estoy como me ven fue por diversión en exceso y no por llanto; así que lo menos que le puedo pedir a mi familia y mis amigos es que no reine la tristeza.
Ya no importa que digan que risas, mujeres y alcohol en exceso, me han llevado a esto. La única verdad es que la vida hay que disfrutarla y no me arrepiento de nada; si el precio de mi alegría es este, con gusto he de pagarlo.
Ya no importa mi obsesión por los juegos de azar; no siempre a uno le toca ganar.
Ya no importan las pasadas advertencias, lo mismo que ahora las condolencias.
Ya no importa madre; ya no importa padre. Recuérdenme como fui, no como soy ahora.
No importa el pasar sin legado ni descendencia; ya que ambos me los llevaré a la tumba.
Ya no me importa el día en que tenga que caminar la senda de los condenados; o los olvidados, que para el caso es casi lo mismo. Cuando el fatal día llegue la recorreré con orgullo y puede que hasta con alegría.
Ya no importa que dediquen las noches en rezos a dioses y deidades de cuyos nombres o no me acuerdo o me cuesta pronunciar. Si por milagro me lograsen curar, no pienso cambiar.
Ya no importa cuanto los quiero y los seguiré queriendo. Recuerden eso.
Ya no importa que gaste mi poco aliento en palabras para las generaciones futuras, en decir ¨ no sigan mi camino ¨; con que me vean creo que bastará.
Ya no importa si la pálida dama me viene a buscar. Pues no pienso perder la oportunidad de besar sus fríos y delgados labios.
Ya no importa…
Ya nada importa…
Nada realmente importó.
Para el que quiera leer esta carta, del que ya no está.
Ray Respall Rojas
18 años
Academia de Bellas Artes San Alejandro

