el viento, viejo rumor de mano vagarosa,
mueve -en las densas ramas
de los vívidos árboles- las hojas
suaves. ¡Oh, niño anhelo
de amar entre recuerdos las olas
en Sur anclado al corazón soñado!
Como riendo las lágrimas sonoras
en la quietud del tálamo insaciable,
en el mar del ahora.
El ave vuela, mientras
brilla la piedra pensativa y sola
en su secreto -al pórtico invernal-;
y viste en llama ignota
la hierba su donaire femenino
porque embelesará a instantes de gloria.
¡Qué sosiego aquí donde
enriquece su luz la sabia rosa,
y husmea el lirón
por entre las penumbras irrisorias!
¡Qué sosiego total al cielo claro
donde el vivir encanta sus historias!

