Boda en el cielo

En tiempos antiguos y de mucha penuria andaba una zorra cerca de los cortijos buscando algo que poder comer. Tanta hambre tenía que estaba dispuesta a comerse hasta las piedras. En el filo de una ventana de un cortijo vio a un grajo comiendo algo de un vaso.

A la zorra se le hizo la boca agua nada más ver al grajo. Comenzó a dar vueltas alrededor de él mirándolo de reojo y pensando como comérselo y lo que había dentro del vaso también. Pero el pájaro que era muy listo, ve sus intenciones y programa un plan malvado: le propondrá llevarla a una boda al cielo. Dicho y echo así que la llamó:

– Comadre zorra ¿quiere usted venir a una boda al cielo?

– ¿A una boda al cielo?

– Sí, es que estoy invitado y puedo llevar a alguien.

– Pero compadre grajo yo no sé volar. ¿Cómo iré al cielo?

– No se preocupe que yo la llevo.

– ¿y cómo?

– Pues se sube encima de mí y vamos volando.

– ¿Pero… eso es seguro?

La zorra no se fía del grajo pero el hambre es más fuerte que el miedo. Veía la zorra un gran banquete con deliciosos majares y se le caía la baba.

– Que sí, es seguro, venga vamos que no lleguemos tarde.

Sin pensarlo más nuestra hambrienta zorra se sube encima del grajo y este levanta el vuelo.

Volando van y la zorra le pregunta si tardarán mucho en llegar. El grajo le pide paciencia.

Al poco le pregunta a la zorra como va y si ve la tierra.

– Voy bien y la tierra la veo, pequeña pero la veo. ¿Cuándo llegamos?

– Falta poco no se preocupe.

Al rato de esta conversación el grao le dice a la zorra:

– ¿Ves la tierra?

– No, no la veo.

– Pues hemos llegado, ¡Prepárese!

– ¿Cómo que hemos llegado? Si yo no veo ni novios, ni banquete ni la tierra…

– Pues yo le digo que hemos llegado.

El grajo se revolvió y la zorra se fue al vacío. Se le quitó el hambre y se le olvidó la boda con tanto miedo. Que velocidad llevaba. La tierra cada vez más y más cerca. De pronto vio un enorme peñón sobre el que iba a caer sin remedio y se iba a matar y entonces empezó a gritar:

– ¡Huye peñón, que te parto!

– ¡Huye peñón, que te parto!

Pero al ver que el peñón no se movía pensó: Si de esta me libro y no muero, no quiero más bodas al cielo.