“…Pero yo os digo que
cualquiera que mira a una mujer para
codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.” -San Mateo 5:28
en el supermercado,
por la sección de carnes
donde dice: ‘Pe cados’.*
Dos melones palpaba
con sus sensuales dedos,
y mi mente vagaba
sin temor y sin miedo.
Cuántas obscenidades
por mi mente pasaron,
y las llamas de Hades
mi piel acariciaron.
Los melones llevaba
suculentos y tiernos,
mientras yo salivaba
con boleto al infierno.
Con mis ojos perversos
la ví cuando pedía,
un pepino de un metro
con sus gestos de arpía.
A punto estuve yo
de perder la cordura;
si no fuera por Dios,
¡moría de locura!
Por eso, hoy en día,
evito ir de compras;
me llena de alegría
el hablar con mi sombra.
*La letra “s” se había caído del letrero. Debería leerse: ‘PESCADOS.’
©1996, Ernesto Con. De ‘Letanía de una tarde de invierno.’

