ODA A ERNESTO “CHE” GUEVARA

“Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante…”
-Carta de despedida del Ché a Fidel

Noble fue su espíritu,

a Bolivia a morir fue;

Ernesto era su nombre,

el mundo le llamaba “Ché”.

Valiente y temerario

con Rocinante se encaminó;

a su cita con la muerte

a la que siempre desdeñó.

Apresurábase su paso

a su destino inevitable,

al compás de los cascos

de su fiel Rocinante.

La adarga en una mano,

en la otra, una flor;

de Machado los versos

cantaba el trovador.

Le aguardaba allí la muerte

luciendo su infame hoz;

reíase de su suerte,

enmudecía su noble voz.

Y en un atardecer sombrío,

en una peña bajo el sol:

caia un paladín eterno

con su adarga y su flor.

©1996, Ernesto Con De ‘Letanía de una tarde de invierno’ editada por Resurgam-Anggraini Publishing