POEMAS A UNA MUJER

Para Adela, quien sabe que la flor de lis acompaña el norte de la Rosa de los Vientos.

¡VUELA, GOLONDRINA! ¡VUELA!

Gozosos son los blancos campanarios

del alma enamorada cuando sueña

con el murmullo alegre de la aceña

al difundir sus cantos legendarios.

Añejo son de mirlos centenarios

cruzando el cielo en vuelo de cigüeña

cuando la luz del sol brilla risueña

en los rosales de los santuarios.

Ríe el amor como una golondrina,

ligera por arroyos y trigales

en busca del favor de la mañana.

¡Vuela sin miedo! ¡Cruza la colina!

¡Saluda al viento, al sol y a los marjales!

Por ti tañe dichosa la campana.

SIN PALABRAS

Mírame a los ojos. Como yo te miro.

Clavando tus pupilas en mi anhelo.

Fundiendo tu ansiedad

en el crisol de mi añoranza.

Como yo te miro.

Siempre así.

Rozando tu mirada la piel de mis sentidos.

Mas si la angustia

y el pulso del silencio

te obligan a ser sombra de tu ayer,

dímelo sin gestos ni susurros.

Mirándome a los ojos.

Después clávame en la cruz

de tu silente soledad

y añádele al madero

el peso solemne de mi ocaso.

Pero mírame a los ojos.

Porque en ellos, los tuyos

que ayer fueron palabras atrevidas,

está el misterio de tu adiós

que quiero desvelar.