Aquellas áureas camberas 1 se abrían paso, entre un inextricable mar esmeralda, de pernales 2 lombizas 3 de pastizal. Había que ser un autentico baquiano 4 para no extraviarse en aquel farragoso laberinto de caminos polvorientos, cuajados de encrucijadas, bifurcaciones, confluencias y derrotas.
Cada una de aquellas trechas podía conducir, bien al deleite más absoluto del excelso paisaje, bien al abismo más ominoso y funesto. Resultaba pues, emocionante e inquietante, transitar estas sendas de conclusiva incertidumbre.
La silueta de los acantilados, se recortaba sobre el cerúleo cielo, integro de azulez. Apenas, si había algunos cúmulos, níveos y algodonosos, que con sus curvocóncavas y convexas torsiones, quebraban la imperturbable serenidad de la perspectiva.
La inopinada y fresca brisa vesperal, acariciaba con lenidad el piélago vegetal. Las hierbas vivaces, que rebrotaban desde los tallos subterráneos, se combaban semejando sinuosas olas de mar. El paraje mostraba una marejada de infinitos verdes. La crominancia 5 de los glaucos, sinoples, cetrinos y verdeceledones, resultaba verdaderamente fascinante.
En la elevada cabezada del montaraz promontorio, había un miracielos, es decir, un banco de fundición, con su estructura de arrabio azabache, y sus listones de madera de iroko. Su silueta aparecía desdibujada en las obnoxias alturas, como algo irreal o delusivo, como si se tratara de algo mágico o taumatúrgico.
Su posición privilegiada, invitaba a admirar desde la cumbre, las excepcionales y bucólicas panorámicas celestes, orográficas y marítimas.
Así, al aproximarnos a los suspendidos cornisamentos, se vislumbraba un mar ampuloso e ilimitado. De forma inesperada, irrumpió un severo turbón 6 , descargando un momentáneo e inclemente aguacero. Durante unos prolongados minutos el mar zarco y celeste, se tornó azulenco, naval, añil; con sus ebúrneas y agitadas lesas 7 ; con sus resacas y sus revesas; con sus crestas albares y sus fondos fuliginosos; con sus rompientes y batientes…
En aquel hostil proscenio un terril 8 volaba a baja cota, enseñoreado, casi rozando las vilotreras 9 , y los escarpes de los acantilados. Asombraba su elevada celeridad en el veleo 10 , pues allí donde el viento se encañona, es donde más difícil resulta planear. Su plumaje gríseo, atramentoso y nacarado, le permitía ser distinguido en las verticales paredes, ocres y abramadas 11 .
Pronto asomó la rojana 12 , entre las densas y desparramadas formaciones de nubes, agrupadas por convección.
En el perillano, formado por una amplia agüera declinada entre dos prominentes acantilados, había un parampial 13 y vejero 14 molino. Su emplazamiento no era casual, pues estaba enclavado junto a una vadera de aguas pluviales. Al llegar las crecidas giraba sus palas desembarazadamente, desaguando la ácuea corriente, hacia una bella cascada, formada por abruptos pedrigales y marfileños cantiles. Las dúlcidas aguas desembocaban en el desabrido y tempestuoso Cantábrico.
Allí, en la rasa mareal de los gigantes, unas estriadas y apaisadas rocosidades, trataban de proteger a calandas 15 y saleras 16 .
Así, con cada pantocazo 17 de mar, los sargazos y equinodermos 18 eran barridos, con suma facilidad hacia los adentros de la plataforma continental. En la superficie de las erosionadas rocas, se originaban salseros 19 , que escurrían sus salobres flecos, entre los intersticios de las sólidas anfractuosidades margosas.
Tierra adentro, despuntaban los procaces chapiteles gemelos de la iglesia parroquial de Cóbreces, y el de la octogonal torre de la abadía cisterciense.
Trazada entre casonas de labranza y nobles palaciones 20 , la bituminosa línea rodoviaria, que conducía a la emblemática y elegante Comillas, se perdía entre las glaucas lombizas 3 .
1.- Cambera. Camino de carros.
2.- Pernales. Inclinadas
3.- Lombizas. Lomas.
4.- Badiano. Practico de los caminos, trochas, y atajos
5.- Crominancia. Saturación del color.
6.- Turbón. Aguacero.
7.- Lesas. Espumaradas.
8.- Terril. Ave marina.
9.- Vilotreras. Areas escarpadas del acantilado.
10.- Veleo. Planeo de un ave.
11.- Abramadas. Resquebajadas.
12.- Rojana. Sol entre nubes.
13.- Parampial. Edificio en ruinas.
14.- Vejero. Viejo.
15.- Calanda. Alga
16.- Salera. Estrellas de mar.
17.- Pantocazo. Golpe de mar.
18.- Equinodermos. Estrellas de mar.
19.- Salsero. Espumaradas que forman las olas al batir sobre las rocas.

