El poeta no solamente debe cantarle a las estrellas cuando ve que se que se está ahogando la humanidad en mares de sufrimiento. El autor
En noche, con dolor humedecida,
van enjambres de chicos inocentes
mendigando dulzura a indolentes
para convivir en paz sin homicida.
Tras disfraces de múltiples colores
ellos ocultan el espanto y el terror
que sienten por la acción del malhechor
el cual asecha detrás del bastidor.
Ellos saturan el aire de alegría
en cielo ennegrecido por violencia
y le piden a Dios solo clemencia
para el niño que sufre de agonía.
Ellos tienen aliento de golondrinas
que tejieron su vuelo a lontananza
y llevan en el alma la esperanza
de no ver mutilados por las minas.
¿Por qué quienes actúan enmascarados,
como sombras o brujas sin conciencia,
no cavilan con tino y con sapiencia
para cubrir al gamín desarrapado?
¿Por qué no damos mano generosa
al pobre callejero que sufre día a día
y enfrentamos con valor y gallardía
el espanto de una horda peligrosa?

