Viejo calzado pasa y aplasta las aceras,
colores y sofocos, le son indiferentes.
Sus oídos vencidos, propias luces certeras,
acuden a sus ojos, tímpanos referentes.
Obligan esos años, con sus vértebras viejas,
a retrasar el paso ansiosa caminante.
Por la sufrida suerte de vidas disparejas,
sola quedó su alma vacía del amante.
Abstraída recuerda las conjunciones vivas,
unas sabrosas letras de cartas conversadas.
Todo dijo la vida, las memorias activas,
abrazaron verdades, recientes y pasadas.
La esperanza le quiebra la ilusión al presente,
la vida es arrancada, indiferente pausa.
Y sin una advertencia dejó todo carente,
suspendida del aire, camino ya sin causa.
(Freya)
2 de Abril, 2005.

